Conservación. El cóndor Kurruf volvió a volar libre en Río Negro

El ave, rescatada debilitada cerca de la meseta de Somuncurá, se recuperó en la Fundación Temaikén y fue liberada ante más de 600 vecinos.

Cóndor andino, retrato de la especie real (imagen ilustrativa, banco de imágenes Pexels)

Conservación. El cóndor Kurruf recuperó su libertad en Río Negro después de superar una grave intoxicación

El ejemplar, hallado con menos de la mitad de su peso normal cerca de la meseta de Somuncurá, pasó seis semanas de recuperación en la Fundación Temaikén antes de ser liberado en un encuentro comunitario con la presencia de la comunidad indígena Kintul Folil.

El cóndor andino Kurruf recuperó su libertad el sábado 12 de septiembre en un encuentro comunitario realizado en Río Negro, luego de superar una grave intoxicación que lo había dejado al borde de la muerte. El ave fue hallada en julio cerca de la meseta de Somuncurá, con apenas nueve kilos de peso —muy por debajo de los 13 a 15 kilos que pesa un ejemplar sano— y sin capacidad de vuelo, tras ingerir presumiblemente carne con cebos tóxicos.

Un vecino de la zona dio aviso a las autoridades al notar al animal debilitado, lo que permitió la intervención del Programa de Conservación del Cóndor Andino. Aerolíneas Argentinas trasladó al ejemplar hasta Buenos Aires, donde pasó unas seis semanas de recuperación en el centro de rehabilitación de la Fundación Temaikén, en Escobar, hasta recobrar por completo sus condiciones físicas.

La liberación se realizó en el paraje La Casita de Chocolate, ante más de 600 personas, entre ellas escolares y miembros de la comunidad indígena Kintul Folil, que realizaron ceremonias ancestrales para acompañar el regreso del ave a su hábitat natural. Para el equipo de conservación, este tipo de encuentros resulta clave para sostener el vínculo con los vecinos, que actúan como aliados cotidianos en la protección de la especie.

No es la primera vez que Kurruf recibe una segunda oportunidad: el mismo ejemplar ya había sido rescatado en 2019 y liberado por primera vez en 2021. Su historia se convirtió en un símbolo de la eficacia del trabajo en red entre organizaciones, Estado y comunidades locales para proteger al cóndor andino, una especie amenazada por el uso de venenos en el campo.