Educación. Una comunidad wichí de Salta estrenó su escuela tras 15 años

La Escuela Monte Sinaí, en Salvador Mazza, funcionaba hace más de una década sin edificio propio.

Paisaje de un pueblo del noroeste argentino, en Cachi, Salta, con su iglesia colonial (imagen ilustrativa genérica de la región, no del paraje El Obraje). Foto: Agustín Devani / Pexels.

Educación. Tras 15 años de espera, una comunidad wichí de Salta estrenó su propia escuela

La Escuela N° 4825 “Monte Sinaí”, en el paraje El Obraje, funcionaba desde 2011 en el centro de salud del lugar; ahora tiene aulas, biblioteca, cocina y baños propios.

Después de quince años de espera, la comunidad wichí del paraje El Obraje, en el departamento salteño de San Martín, estrenó esta semana el edificio propio de la Escuela N° 4825 “Monte Sinaí”. El acto de inauguración se realizó el miércoles 23 de septiembre y contó con la presencia del gobernador Gustavo Sáenz, autoridades provinciales y municipales, y numerosos miembros de la comunidad.

La escuela había sido creada en 2011, pero durante más de una década funcionó sin instalaciones propias: los alumnos de nivel primario recibían clases en dependencias del centro de salud del paraje, mientras que el nivel inicial pasó primero por una vivienda particular y luego por una galería adaptada del mismo edificio sanitario. Las obras del nuevo edificio habían comenzado en 2023, pero quedaron paralizadas antes de que la provincia asumiera su continuidad hasta completarlas.

El nuevo edificio cuenta con sala de nivel inicial con baños propios, un salón de usos múltiples, patio de juegos, tres aulas para el nivel primario, biblioteca con aula taller, cocina, despensa, fogón y horno de barro, dirección, sala de maestros y sanitarios adaptados para personas con discapacidad. La directora del establecimiento, Silvia Tapia, encabezó la recepción de las nuevas instalaciones junto a representantes educativos de la zona.

Para la comunidad de El Obraje, la escuela propia representa mucho más que un edificio: es el cierre de una espera de quince años y una mejora concreta en las condiciones de estudio de niñas y niños que hasta ahora compartían espacio con un centro de salud. El caso se suma a una serie de obras educativas que en los últimos meses buscaron achicar la brecha de infraestructura en comunidades rurales e indígenas del norte argentino.