Naturaleza. Arrancó la temporada de avistaje de ballenas en la costa rionegrina
Desde Las Grutas hasta El Cóndor, la ballena franca austral protagoniza uno de los espectáculos naturales más convocantes de septiembre.
Naturaleza. La costa de Río Negro vive su temporada más convocante de avistaje de ballenas y fauna marina
Entre Viedma, El Cóndor y Las Grutas, septiembre es el mes elegido para observar a la ballena franca austral, declarada Monumento Natural, junto a delfines, orcas, pingüinos y miles de lobos marinos.
La costa atlántica de Río Negro entró en su temporada más esperada del año para los amantes de la naturaleza. Septiembre es, según coinciden guías y operadores turísticos de la zona, el mes ideal para el avistaje de la ballena franca austral, una especie declarada Monumento Natural en la Argentina y que cada año elige las aguas patagónicas para reproducirse y criar a sus ballenatos.
El recorrido se extiende a lo largo de distintas localidades rionegrinas: Viedma, El Cóndor, Las Grutas, San Antonio Oeste, Puerto San Antonio Este, Punta Colorada y Playas Doradas ofrecen puntos de observación y excursiones embarcadas de aproximadamente dos horas y media, en las que además de las ballenas suelen aparecer delfines, orcas y pingüinos.
Uno de los puntos más singulares de la región es la Reserva Provincial Punta Bermeja, que alberga un apostadero permanente con más de 4000 lobos marinos de un pelo, una de las colonias más numerosas de la costa argentina y un atractivo que se suma al de las ballenas durante todo el año.
La conectividad aérea acompaña el crecimiento del interés por la zona: la ruta entre Buenos Aires y Viedma cuenta actualmente con seis frecuencias semanales operadas por Aerolíneas Argentinas, lo que facilita el acceso de visitantes de otras provincias que buscan sumar la experiencia a una escapada de fin de semana.
El avistaje de fauna marina se consolidó en los últimos años como uno de los principales motores del turismo de naturaleza en la Patagonia atlántica, con un doble beneficio: además de dinamizar las economías locales, funciona como una vidriera para la conservación de especies como la ballena franca austral, que supo estar al borde de la extinción por la caza comercial y hoy es uno de los símbolos de la fauna marina argentina.