Robótica. Un robot porteño aprendió a abrir puertas mirando videos

Un equipo del Distrito Tecnológico de Parque Patricios logró que un robot abra puertas desconocidas sin planos ni control remoto.

Una mano gira el picaporte de una puerta de madera (imagen ilustrativa, no es el robot del desarrollo porteño). Foto: Kader D. Kahraman / Pexels.

Robótica. Un robot desarrollado en Buenos Aires aprendió a abrir puertas desconocidas con solo mirar videos

El proyecto, probado en el Distrito Tecnológico de Parque Patricios, logró que el robot abra puertas nunca vistas antes sin planos ni control remoto.

Un equipo de desarrollo radicado en el Distrito Tecnológico de Parque Patricios, en la ciudad de Buenos Aires, logró que un robot aprenda a abrir puertas que nunca vio antes, sin usar planos previos ni control remoto. La coordinadora del proyecto, Lucía Herrera, de 34 años, explicó que la clave estuvo en entrenar al sistema a partir de más de mil videos de manijas, pestillos y giros filmados en distintos edificios porteños.

Para construir esa base de datos, el equipo grabó 1.280 clips de entre 8 y 30 segundos en cuatro edificios de la ciudad: de 64 horas de filmación, quedaron 9 horas útiles para el entrenamiento. El etiquetado de cada video fue automático: el sistema analizó el movimiento en la zona de la manija, la variación del ángulo de giro y hasta el sonido de “clic” que se escucha cuando el pestillo se libera, para armar pares de causa y efecto con un objetivo simple: puerta abierta o no abierta.

El robot, que se desplaza sobre ruedas y tiene un brazo con seis grados de libertad, usa dos cámaras RGB y una de profundidad para calcular en tiempo real dónde agarrar la manija y con qué fuerza girarla según la resistencia que encuentra. Cada intento de apertura le toma unos 340 milisegundos de cálculo. En las pruebas, el sistema abrió con éxito el 84% de catorce puertas que nunca había visto, en 56 intentos distintos, con un tiempo promedio de apertura de 19 segundos.

Las fallas se concentraron en picaportes redondos sin palanca y en superficies muy reflectantes, dos casos que el equipo ya identificó como próximos desafíos. Con un hardware que cuesta alrededor de 6.600 dólares, el desarrollo porteño se suma a una creciente lista de proyectos de robótica autónoma hechos en el país, en un campo donde aprender de la observación, y no de instrucciones programadas de antemano, es uno de los frentes más activos de la investigación en inteligencia artificial aplicada.