Resiliencia. Un joven rosarino ayuda a otros adolescentes a encontrar su voz
Santiago Vizgarra transformó una infancia difícil en una misión: ayudar a otros adolescentes de Rosario a encontrar su propia voz.
Resiliencia. Un joven rosarino que atravesó una infancia difícil ahora ayuda a otros adolescentes a encontrar su voz
Santiago Vizgarra tenía 16 años cuando quedó libre en la escuela; hoy, a los 19, conduce actividades para que otros chicos se animen a hablar de lo que les pasa.
Santiago Vizgarra tiene 19 años y cursa el último año de la secundaria en el Colegio Tesla, en las afueras de Rosario. Hasta los 17 arrastraba una adolescencia marcada por el maltrato en su casa y el hostigamiento de sus compañeros en la primaria: a los 16 acumuló tantas inasistencias que quedó libre. Ese mismo año, casi por casualidad, participó por primera vez de ConTribuIr, un programa intercolegial de tres días organizado por el Proyecto Ánkyra, y esa experiencia le cambió la vida.
Desde entonces, Vizgarra pasó de ser un adolescente que necesitaba ayuda a convertirse en alguien que la ofrece. Hoy conduce actividades en el escenario de ConTribuIr, que ya llegó a su quinta edición, y acompaña a otros chicos para que se animen a expresar lo que les pasa. También dio una charla propia, llamada “Yo elijo”, en su escuela y en su barrio, donde contó su historia sin filtros.
Además, impulsó Reconectar, una iniciativa pensada entre estudiantes del Colegio Tesla para sus propios compañeros, que tuvo su primera edición en abril de este año. Ya prepara una segunda versión, esta vez pensada para que participen también las familias, con fecha prevista entre fines de 2026 y el año próximo. Los organizadores del programa aclaran que se trata de una experiencia educativa y de contención entre pares, no de un espacio terapéutico.
Vizgarra todavía no terminó el secundario, pero ya tiene un rumbo claro: quiere estudiar Psicología y formarse en coaching ontológico para seguir trabajando con adolescentes que, como él hace algunos años, no encuentran con quién hablar. Su historia circula hoy entre otros colegios de Rosario como un ejemplo de que una adolescencia difícil no tiene por qué definir el resto de un camino.