El Centro de Referencia para Lactobacilos, dependiente del CONICET, celebró medio siglo de investigación en bacterias lácticas con aplicaciones que van desde la industria alimentaria hasta un programa que llega a todas las escuelas públicas de Tucumán.
El Centro de Referencia para Lactobacilos (CERELA), con sede en Tucumán, cumplió 50 años de trayectoria científica dedicada al estudio de bacterias lácticas y microorganismos asociados, como propionibacterias y bifidobacterias. El instituto, que forma parte del Centro Científico Tecnológico CONICET NOA Sur, fue creado el 27 de agosto de 1976 a partir de una alianza entre el CONICET, la Fundación Miguel Lillo y la Fundación para la Educación, la Ciencia y la Cultura (FECIC), bajo la dirección inicial de los investigadores Aída Pesce de Ruiz Holgado y Guillermo Oliver.
A lo largo de cinco décadas, el CERELA construyó un reconocimiento internacional por sus estudios sobre las propiedades benéficas, fermentativas, antimicrobianas y biopreservantes de estos microorganismos, con desarrollos tecnológicos, patentes y transferencias que trascendieron el ámbito académico. El instituto también formó recursos humanos de grado y posgrado, consolidándose como un polo de referencia científica en el norte argentino.
Entre sus aplicaciones más concretas se destaca el programa Yogurito Escolar, que provee a todas las escuelas públicas de la provincia de Tucumán un yogur elaborado con bacterias aisladas y estudiadas por el propio centro. La iniciativa combina investigación de base con impacto directo en la nutrición infantil, y es citada como un ejemplo de cómo la ciencia local puede traducirse en políticas públicas de alcance masivo.
“CERELA está en la vida de los tucumanos”, resumió el director del centro, Jean Guy LeBlanc, al referirse al vínculo entre la investigación que se produce puertas adentro del instituto y su llegada cotidiana a la salud pública y la educación de la provincia.
El aniversario no solo pone en valor medio siglo de producción científica, sino que reafirma el rol de los organismos de ciencia y técnica del interior del país como motores de innovación con impacto social directo, más allá de los grandes centros urbanos.
Fuente: CONICET





