Economía circular. De la basura industrial a ladrillos y nuevos materiales
El programa Sinergia Circular conectó empresas y pymes.
Economía circular. Una alianza entre empresas y pymes ya convierte residuos industriales en ladrillos y nuevos materiales
El programa Sinergia Circular, impulsado por la Fundación Manos Verdes y la Asociación Sustentar con apoyo de la Unión Europea, conectó a grandes compañías con pequeñas empresas recicladoras y ya exhibe resultados concretos: de la chatarra electrónica a bloques de construcción sustentables.
Convertir el residuo de una industria en la materia prima de otra es la idea central de la economía circular, y en Argentina ya hay casos concretos que lo demuestran. El programa Sinergia Circular, que impulsan la Fundación Manos Verdes y la Asociación Sustentar con cofinanciamiento de la Unión Europea, lleva meses conectando a grandes empresas con pequeñas y medianas compañías especializadas en reciclaje, y presentó esta semana sus primeros resultados medibles.
Uno de los casos más citados es el de la empresa de electrodomésticos Newsan, que necesitaba dar destino a grandes volúmenes de residuos eléctricos y electrónicos (conocidos como RAEE). La alianza con Milpos, una pyme de Campana dedicada a desarmar y procesar estos aparatos, permitió que esta última multiplicara casi diez veces su capacidad de procesamiento, pasando de 13 a 113 toneladas de materiales recuperados.
Otro ejemplo surgió del Centro de Reciclaje de Campana, que enfrentaba la acumulación de envases flexibles conocidos como “Botellas de Amor”. A través del programa, ese material llegó a BlockPlas, una empresa que lo transforma en ladrillos para construcción: hasta el momento fabricaron 18.000 unidades con este plástico reciclado, un uso concreto para un residuo que antes no tenía salida.
Los organizadores presentaron estos avances en un encuentro que reunió a más de 170 representantes de empresas, gobiernos locales y universidades, con el objetivo de multiplicar este tipo de alianzas entre sectores productivos. La apuesta, coinciden los impulsores del proyecto, es que cada residuo de una cadena productiva se convierta en insumo de otra, en lugar de terminar en un relleno sanitario.